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Eterna sonrisa

23-03-2018 | ecomami.es

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Para las personas que seguís este blog, sabéis que mis entradas las dedico siempre a comentar sobre diferentes temáticas relacionadas con la maternidad y la crianza. Nunca suelo escribir nada sobre mi vida personal. Hoy quiero hacer una excepción, pues la efeméride lo requiere. Hoy, 23 de Marzo, hace un año que llegó a mi vida la guinda de mi tarta: mi tercer hijo. Una personita que vino a colmar de felicidad mi vida, si es que eso era posible.

Hoy es un día en el que te acuerdas de todo tu proceso de embarazo y parto, en el que traes de nuevo a la mente las emociones vividas. Hoy quiero recordar... y agradecer.

 

En este tercer embarazo estuve, como siempre, en aprendizaje continuo. Nunca dejo de nutrirme. A pesar de mi vida acelerada tuve la oportunidad de buscar mis espacios para dedicarle a mi pequeño, a mi; y, compartir con otras personas maravillosas.

Impartí, desde Ecomami, mi primer taller de preparación al parto y maternidad en mi pueblo y con mamás de mi pueblo. Gracias por ser las primeras en confiar... tenemos una quinta fabulosa.

 

Durante mis embarazos me gusta prepararme y me gusta probarlo todo, y es que apuesto por hablar no solo desde el conocimiento teórico y la formación, sino también desde la experiencia. Por ello, aún sin mucho tiempo libre, rasgué como puede para poder asistir a yoga para embarazadas. Era lo que me quedaba por hacer... En este espacio me encontré con mucho más de lo que iba buscando. Además de conocer y aprender de otras mamás, de sus emociones, sus miedos... tuve la oportunidad de conectar con dos mujeres poderosas. Gracias Miranda por tu voz, tus caricias, tu forma de hacer que escuchara a mi cuerpo, a mi ser. Y, gracias, Margarita. Fuiste la primera persona que le cantó a mi primera hija... y el destino quiso que tu energía estuviera conmigo también con mi tercero. Es tan bonito lo que hacéis...

 

Este embarazo también me sirvió para reforzar la convicción de que sin tribu... no sería tan posible. Gracias mamá por tu paciencia y amor. Y, gracias hermana, por estar siempre y además, regalarme el poder disfrutar de nuestras maternidades juntas.

 

Después de largos nueve meses, llegó el momento que más esperaba. Sí, un momento para mi ansiado y especial. Es cuando más viva me siento, más mamífera, más conectada... y eso me encanta. Hay momentos, conversaciones, hechos que pasan en tu vida y te marcan. Hoy los rescato y los comparto porque estos son los que en cierta manera me hacen ver y sentir todo esto como lo siento. Nunca lo he contado... ¿por qué no hacerlo? Una vez, mi profesora de dramaturgia (en mis años de arte dramático) nos contó su parto (no recuerdo a que vino el tema). Explicaba como ahí, en ese momento tan animal, nuestro cuerpo, nuestra cara se “deformaba” para adaptarse a la situación. Me pareció tan emocionante ese relato que lo guardé en mi memoria. Ella ni se acordará de todo esto. La otra persona que me marcó, amiga y socia, fue a visitarme antes de que naciera mi primera hija y me dijo “a mi me gusta parir”. Nunca había escuchado esas palabras de ninguna mujer, y me pregunté: ¿y por qué no a mi también? Todo esto en mi mente me fue programando. Así que tenía claro que ese momento, el de dar a luz, sería mi gran representación, mi gran obra, con la cual disfrutaría muchísimo. Y, así fue. Una, y otra vez. Gracias Julieta y Gael.

 

Y, como digo, llegó el 23 de Marzo (eligió una fecha especial para mi). Sí, mi tercer parto. Era de madrugada, no recuerdo si las 4 o las 5. De camino al hospital mandé un mensaje a mi matrona. Pensé que no estaría despierta, no quería llamarla... y me hice la idea de parir sin ella. Pero no. Contestó y allí estaba cuando llegamos. Este post es para ella, para ti, Carolina. Este post es un gracias de corazón a todas las matronas y matrones que apuestan por partos humanizados, fisiológicos y respetuosos. Cierro los ojos y lo revivo y me pareció tan maravilloso... Gracias por acompañarme, dejarme hacer y darme el más bonitos de los partos.

 

Gracias también al papi, por su apoyo incondicional, su equilibrio y por disfrutar conmigo desde ese sosiego que le caracteriza. Ahí, conectado, como más me gusta.

Y por supuesto, gracias a ti, mi bella criatura: por llegar, por este año que me has regalado y por tener cada día, como dice tu abuelo, tu ETERNA SONRISA. Gracias Abraham.

 

 

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