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Ambivalencia

17-09-2018 | ecomami.es

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Segunda semana de cole. Nuevo curso para ellos y ellas, pero también para muchas de nosotras. Para mí empieza un curso nuevo, por así decirlo. Lo siento, lo ansío... pero también lo temo.

Siento que se acerca otro momento. Ya pasó mi puerperio, y empieza otra etapa de crianza donde ya no hay bebés tan bebés. Otra etapa en la que pronto recuperaré las ocho horas de sueño del tirón, donde el pecho pasa a un segundo plano, donde el juego entre hermanos me permite una ducha rápida, una lavadora o mandar un email.

 

Lo cierto es que lo deseaba, mi cuerpo me lo pedía a gritos, mi mente lo necesitaba como el comer. Sí, así es. Pero, como todo en la maternidad, me acerco a este nuevo ciclo con alegría y ganas pero también con añoranza. La ambivalencia es una de las palabras que mejor define la maternidad. Lo mismo hace una hora soñabas con estar en una playa desierta sola, tan solo con un libro entre tus manos; y una hora más tarde lo que más deseas es estar abrazadas a tus peques durante todo el día. Ayer estábamos deseando que llegara el cole o la guarde, y hoy nos ha dolido el pecho cuando les hemos dejado allí. Y así.. mil cosas. Es normal. Estamos cansadas, a veces sentimos que no podemos con todo, tenemos que criar, trabajar, estudiar, limpiar, comprar, no dejarnos ir, cocinar, ir a la moda...

Hoy, lo que más me cuesta (y ha hecho que traiga a colación esta reflexión) es combinar el deseo de retomar con la necesidad de seguir estando o al menos saber que todo estará bien, que estarán bien.

 

Ayer releyendo mis libros de antropología* me detuve en estas líneas: “En las sociedades desarrolladas, las personas pueden tener menos hijos, pero piden lo que los pediatras llaman 'hijos de calidad'. Tener hijos de calidad no solo significa correctas prácticas de salud, sino que también exige una función parental de calidad. (…) Para hacerlo, necesitan el respaldo de una red más amplia, sea el parentesco o los grupos de interés. Una comunidad de intereses puede proporcionar apoyo. En la sociedad desarrollada, este apoyo no es tan ilimitado como debería ser. Dada toda esta nueva cultura, la función parental está un un punto crítico.”

 

Eso es lo que pasa. Por ello, es esencial que la sociedad le dé a la maternidad el estatus que merece, que hagamos más tribu, que nos sintamos acompañadas y valoradas. A veces me pregunto si somos lo libres que nos dicen que somos. Lo que sí tengo claro es que la libertad no te la quita la maternidad, sino la soledad, la competencia y el estilo de vida pautado que impone nuestra sociedad.

Ambivalencia. Estado de ánimo, transitorio o permanente, en el que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos. Muchos son los nombres y adjetivos que podemos meter en el saco de la maternidad. Éste simplemente es uno más.

 

 

*Bohannan, Paul (1996). Para raros, nosotros. Ediciones Akal. Madrid.

 

 

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