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El duelo invisible

02-11-2018 | ecomami.es

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Es difícil hablar de determinados temas, pero eso no significa que no sea necesario hacerlo. Hablar de muerte gestacional y perinatal es un tabú. Quizás sea por no saber qué decir, quizás sea porque siempre hemos escuchado que mejor antes que después, o quizás sea porque pensamos que invisibilizar el dolor lo aminora. Despedimos el mes de octubre, un mes en el que se trabaja para la concienciación sobre este tema. Para ello, he podido contar con la colaboración de tres expertas en psicología perinatal, que van a poner sobre la mesa la ausencia de acompañamiento en este duelo invisible.

 

Cuando una madre (también el padre) pasa por una pérdida gestacional estamos acostumbrados a escuchar frases como: "no pasa nada, otra vez será",  "mejor ahora que más tarde", "es muy común, no te preocupes". Son frases que intentan paliar el dolor y consolar, pero lo que hacen es esconder el dolor y no ayudar en el duelo. Según Carola López Moya, psicóloga y terapeuta gestalt, “cuando ocurre una pérdida gestacional estamos ante la pérdida de un ser querido. La madre ha hecho planes, tiene expectativas y un cuerpo que ha empezado a gestar, y cuando el bebé muere se rompen los esquemas vitales”.  Existe en la sociedad la tendencia a pensar que como el bebé "no se ve", no se padece dolor. Carola nos explica que estos duelos son desautorizados porque la sociedad no acompaña ni sostiene este dolor. “Fruto de esta ausencia nacen frases como 'no pasa nada, eres joven', 'es mejor así porque venía enfermo'... Aunque las personas de nuestro entorno quieran aliviarnos, lo que consiguen es desautorizar el dolor, y por tanto, no dar espacio a las madres para que se expresen”.

 

Carola acompaña a personas que han vivido una experiencia traumática a recuperar la alegría de vivir fomentando la resiliencia, y sabe muy bien que “los duelos se elaboran expresando el dolor, los miedos, las inquietudes, las expectativas pérdidas, las ilusiones rotas...” Por lo que, nos cuenta, que “si una madre no puede comunicarse libremente con su entorno, le queda un gran sentimiento de incomprensión y culpa porque le exigen que mejore pronto y olvide a su bebé. Lo más grave es cuando estas frases provienen del personal sanitario que trata con mujeres que pueden tener esta situación: médicos, enfermeras, matronas, auxiliares... Ellos y ellas deben estar preparados para gestionar estas situaciones y sostener el dolor de forma respetuosa para que esa familia pueda expresar su duelo. Lo mejor para una madre es legitimar su duelo. Si no encontramos palabras, puede bastar la compañía, la mirada, o un contacto personal, siempre que se tenga confianza. Crear espacios para ello, a través de reuniones de ayuda mutua por ejemplo, es muy sanador. Pero lo más importante es no minimizar el dolor de quien haya sufrido una pérdida gestacional”.

 

Por otro lado, Carola afirma que “tendemos a creer que cuanto más avanzado esté el embarazo, más dolor causará la pérdida, sin embargo eso no es necesariamente así. El deseo de ser madre, las expectativas, el esfuerzo... son factores que influyen en el impacto emocional de la pérdida”. El 80% de las pérdidas ocurren en las primeras 12 semanas. Si a ese dolor por la pérdida gestacional, le sumamos  el contacto con el riesgo, ocurre lo que Carola nos explica que se llama pérdida de la inocencia por la experiencia. Porque “las que tienen una perdida gestacional contactan con el riesgo, materializan el miedo y pierden la inocencia en el siguiente embarazo”. Así que, el siguiente embarazo puede afrontarse con mucho miedo, y “no sirve de nada decirles que no pasa nada porque a ellas sí les ha pasado.”  De esta forma, “tenemos que tener en cuenta que cuando una mujer que se queda embarazada porque así ella lo decide y tiene una pérdida gestacional, está perdiendo un ser querido.” Aunque, como puntualiza Carola, no solo han de transitar el duelo las que tienen una pérdida involuntaria. Las mujeres que interrumpen su embarazo de forma voluntaria “transitan un duelo siendo éste doblemente desautorizado y  un tabú porque ella lo elige, pero eso no significa que no pueda vivirlo como una pérdida”.

 

Como en otros aspectos dentro de la salud pública, la mujer está en un segundo plano y para la muerte gestacional no existen protocolos ni acompañamiento. Carola afirma que “hay hospitales donde existen protocolos de atención psicológica a la pérdida gestacional cuando es avanzada, pero no se hacen cuando la pérdida ocurre en el primer trimestre. La psicología perinatal no está valorada en nuestro país.” 

 

La psicología perinatal en nuestro país

Duelo viene de dolor, y como todo dolor ha de ser acompañado, sobre todo por personal preparado para ello. Sin embargo, como hemos dicho la psicología perinatal no acompaña en nuestro servicio de salud a la mujer, no existe.  ¿Qué repercusión tiene eso? ¿Cómo afecta a la mujer y, por ende, a la sociedad?
Lidia Claudel, psicóloga perinatal e infantil formada en el proceso MAR para la elaboración del duelo, nos cuenta que “la atención en el plano emocional en nuestro país aún es algo que tienen que costear las familias, ya que lamentablemente no existen profesionales de la salud mental especializados en el área perinatal en muchísimos de los hospitales de España y tampoco en los centros de salud.” Aún así, reconoce esta psicóloga, que coordina el grupo de trabajo del colegio  psicólogos de perinatal de Andalucía, que “hay iniciativas aisladas de equipos de Salud Mental Perinatal multidisciplinares en algunos hospitales de España, en el de Cataluña por ejemplo, pero son muy escasas. En  Andalucía son menos aún. La única iniciativa que conozco en el momento actual es en el materno de Málaga, aunque creo que es un proyecto que está tomando forma ahora.”


Para Lidia, de momento y desde su opinión, “las figuras sanitarias más presentes e implicadas en el acompañamiento físico y emocional a las mujeres y hombres en el duelo gestacional y perinatal son las matronas. También hay ginecólog@s y otros profesionales en el proceso, pero para mí las matronas son las únicas que están y tienen reconocido su rol en ese campo dentro del sistema sanitario y tienen que hacerse cargo muchas veces sin formación específica ni recursos de acompañarlos.” Se alegra, además de que “en los últimos tiempos y después de las I Jornadas de Atención al Duelo Perinatal para matronas que recientemente ha desarrollado la Asociación Andaluza de Matronas, esta necesidad de información y formación para acompañar en los duelos se ha expresado responsablemente.”


El deseo de Lidia, es que “la psicología perinatal vaya pudiendo formar parte del equipo de atención en los procesos de duelo”. Queda mucho por hacer, y “es bonito ver cómo existe la implicación personal del colectivo de matronas al respecto”, pero hay una necesidad de atención emocional para las que “aún no existe un protocolo definido ni unas directrices unificadas.” Y esto tiene sus consecuencias, ya que “al dolor inmenso por la muerte de su hij@, las mujeres y los hombres tienen que sumar todas las circunstancias re-traumatizantes con las que se encuentran. El dolor es inevitable en este proceso, pero el sufrimiento y lo traumático de un acompañamiento inadecuado si podemos trabajar para que se vaya minimizando.”


Lidia dinamiza en Sevilla el grupo gratuito de apoyo en duelo gestacional y perinatal Mirando una estrella, y sabe bien qué pasa si el personal sanitario que te atiende en esos momentos no conoce la forma de proceder porque “socialmente el duelo perinatal es un duelo desautorizado”. Si en los primeros momentos, por un acompañamiento inadecuado en los centros hospitalarios y atención primaria, “no se reconoce el dolor, no se permite a las mujeres nombrar lo que ha sucedido, no se permite a la familia hacer una despedida amorosa del bebé... el proceso de duelo se va a iniciar de una forma que dificultará la elaboración del duelo. Y se perpetuará la idea errónea y generalizada de que el duelo por una perdida gestacional o neonatal es un proceso del que no hay que hablar, por el que hay que pasar lo antes posible y olvidar lo antes posible al bebé. Y esto es muy traumático para todas las mujeres y hombres que lo viven.”


En definitiva, tanto si es muerte gestacional como perinatal, “los recursos son muy parecidos e igualmente carentes. En los casos de pérdida perinatal son las enfermeras de neonatología las figuras más presentes, junto con auxiliares y médicos. La muerte de un bebé pequeñito tiene mayor visibilidad para el sistema y la sociedad en general que el duelo gestacional o la muerte intraparto del bebé”, donde hay menos delicadeza y no existen protocolos estandarizados para tratar a mujeres en estas circunstancias. “Hay muchas áreas que requieren de recursos y actualización en cuanto a la humanización de los cuidados basándose en la evidencia, pero aún vamos despacito. Y el duelo perinatal va un poquito a la cola en cuanto a la priorización de recursos.”


 

Duelo invisible, dolor enquistado

El duelo sirve para gestionar el dolor y por lo tanto es un proceso necesario. Sin embargo, la sociedad mantiene ese dolor invisibilizado. De este duelo invisible nos habla Mónica Álvarez, pionera en duelo gestacional y perinatal y autora de los libros La cuna vacía y Las voces olvidadas. Para ella, “es cierto que comúnmente se habla de 'duelo invisibilizado', y es cierto que lo está. Pero si vamos al origen, lo que encontramos de fondo es una negación. La negación es una de las fases enunciadas por la Dra. Elisabeth Kübler Ross, por las que atraviesa toda persona que vive una pérdida. Estas etapas son el tiempo que la persona necesita para asimilar y aceptar lo que ha ocurrido. Nuestra mente no tiene capacidad para 'digerir' de forma emocional una experiencia tan traumática. Entonces, realiza una serie de pasos, de etapas, hasta llegar a la meta final. Esto si hablamos de individuos, pero si hablamos de sociedad, estamos en esa fase de negación. Esto es, no se quiere asumir lo que ha pasado, no se habla de ello, se bloquean las emociones, se hace como si no hubiera ocurrido, mirando hacia otro lado, continuando con la propia vida como si no hubiera pasado nada.” Según esto, nos explica Mónica, “es normal que la pérdida se minimice, que los sentimientos y emociones no se tengan en cuenta, que se pretenda que la madre 'vuelva a ser la misma' de nuevo cuanto antes, que no se le permitan gestos, acciones; en definitiva, nada que recuerde que hubo una personita que se ha ido, dejando un hueco tan grande que nada ni nadie podrá llenar. Lo que nos lleva a la negación es precisamente el inmenso dolor que se siente, que no sabemos gestionar de ninguna manera.”


Si no se gestiona ese proceso de duelo, no se acompaña, las consecuencias son las que Mónica lleva viendo durante muchos años en las madres que le cuentan su experiencia: “un dolor enquistado que duele como el primer día. Una vida sin ilusión, como estancada en el momento crítico de lo que pudo ser y no fue. La pérdida de años preciosos sin poder disfrutar de la vida en pareja, de sus otros hijos… Una familia que pierde la oportunidad de poder disfrutar de ella como la mujer sana y llena de energía que debió ser.”

 

Y si además “esa pérdida va acompañada de una gestión errónea, con excesiva frialdad por parte del personal sanitario, con prácticas quirúrgicas o químicas desaconsejadas y sin base científica, siendo tratada con paternalismo, sin darle información ni tiempo para tomar decisiones en un momento tan importante en su vida; y, si a nivel social, no se da espacio tampoco para vivir ese duelo, las madres quedan solas, aisladas con su dolor, sus pensamientos, sin posibilidad de vivir un tiempo de luto por alguien que para el resto del mundo no existió.” Por lo tanto, como afirma Mónica, “a veces no se trata de solucionar el duelo, sino el daño que activa o pasivamente hace a esa madre las personas que la rodean, por puro desconocimiento.” Mónica es fundadora de la primera escuela online que forma en esta materia a profesionales y tiene claro que lo más importante “es dotar a las personas de herramientas, de maneras de poder transitar ese duelo de forma sana.” Pues “cuantas más personas transiten y 'digieran' sus duelos, antes podrá la sociedad  abandonar esa fase de negación y avanzar a la siguiente.”

 

Termina nuestra charla con un deseo que comparto y no es otro que el que “ojalá algún día sea posible que no tengamos que escribir ni enseñar sobre esto, porque todo el mundo lo tenga aprendido y asumido como algo que forma parte naturalmente de la propia vida.”

 

Gracias a Carola, Lidia y Mónica por compartir con nosotras su experiencia. Escribo estas letras desde el corazón, por todas esas estrellas, por todas esas madres que sufrieron una pérdida, por todas esas familias que lloraron, por todos esos duelos invisibles.

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