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Contigo empezó todo

09-12-2018 | ecomami

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Llega el 9 de diciembre y vuelvo a recordar, vuelvo a sentir. Un embarazo fantástico, un buen parto, una lactancia dura y muy dolorosa. En ningún momento durante el embarazo me planteé cómo iba a alimentar a mi pequeña. En mi cabeza no hay había diferentes opciones, sino solamente una. No lo concebía de otra forma. No es que tuviera claro que daría pecho, sino que mi ser no concebía, no aceptaba otra forma que no fuera la que nos ha mantenido como especie.

A las 19:50 de la tarde llegaste a este mundo. Ahí estabas tú, mi bolita, mi niña bonita. Cuatro kilos de felicidad. De momento me enamoré: me miraste, te agarraste a mi pecho con soltura y fue el primer día de estos seis años en los que mis pechos han derramado amor para ti y tus hermanos que luego vinieron.

Fue dolorosa: grietas, sangre, tomas interminables, sacaleches, mastitis, Raynaud, pezoneras,  rugby, caballito, sentada, acostada. Todo lo probé. No entendía por qué eso podía pasar. Sabía que no era lo normal, que detrás de ese dolor había alguna causa y que con ayuda de profesionales de la lactancia podría solucionarlo. Sin pensarlo: asesoras, grupo de apoyo, IBCLC y otras madres lactantes. Sí, con ayuda y apoyo de todas lo conseguí. Había retrognatia, no aclararon si frenillo, pero cuando estaba en la cúspide del dolor y la análítica dio positivo en mastitis, empecé tratamiento, sacaleches para un pecho en diferido y pezoneras hasta sanar heridas. Nunca olvidaré a la mamá del grupo de lactancia que cuando vio mi pecho me dijo mostrándome sus tetas: "no te preocupes que recuperarás tus pezones. Yo los tuve igual y mira ahora como los tengo". Así fue, Elena. Tampoco olvidaré a Marta, "la lactancia es importante, pero más importante es que tú estés bien", esas palabras las llevo conmigo siempre. Ella me contactó con María, y María con Pilar. Sí, una gran cadena humana de madres y expertas en lactancia dispuestas a darlo todo por las demás. Y, por supuesto no puedo olvidarme de mi amiga Sara. Te llamé para llorarte porque no entendía lo que estaba pasando y sin dudarlo me dijiste: "Contacta con el grupo de apoyo. Llama sin problemas que siempre te atienden". Así fue. Te llamé querida Carmen y sin problemas me citaste para verme. Quien me iba a decir a mí que ése sería el comienzo de algo tan maravilloso, el comienzo de un aprendizaje, y que hoy pueda decir que somos compañeras en este camino de apoyo y asesoramiento.

Esta lactancia dolorosa me hizo conocer a todas estas mujeres, y todas me enseñaron tanto que quise seguir ese camino. Tuve la experiencia, las miles de lecturas, las enseñanzas de otras mamis y luego también la formación. Lo que habían hecho ellas por mí, ahora lo tenía que hacer yo por las que venían detrás.

Tres hijos y seis años amamantando dan para mucho. He aprendido tanto que no puedo entender un mundo sin teta. Porque lactancia significa salud pública. Porque a pesar de que aún nos pesa la cultura del biberón, en la mayoría de los casos es posible porque estamos diseñadas para ello, y no importa lo que nos digan l@s opinólog@s de nuestro entorno, ni cómo la industria de la alimentación infantil nos quiera vender la moto. Queridas mamás, mis últimas palabras son para ti: infórmate bien, elige de forma consciente y busca ayuda si lo necesitas. Solo así podrás disfrutar de algo tan fascinante como la lactancia materna. Y, a ti, mi pequeña Julieta, gracias por estos seis años y por ser contigo con la que empezó todo. Seis años de lactancia, seis años de maternidad. Te quiero.

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