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No soy SUPERWOMAN

02-03-2020 | ecomami.es

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Este post es un trabajo conjunto de Mariángeles Gómez e Inmaculada Aparicio. Ambas somos antropólogas, mamás, emprendedoras y motivadas para analizar desde un punto de vista antropológico las luces y las sombras de la maternidad en la cultura occidental. Compartimos experiencias, creamos sinergias y trazamos lazos de colaboración. Este post es el comienzo de ello.

 

LUCES Y SOMBRAS DE LA MATERNIDAD EN LA CULTURA OCCIDENTAL DESDE UN PUNTO DE VISTA ANTROPOLÓGICO

En este artículo se realiza un análisis histórico y una revisión de diferentes fuentes documentales para identificar el escenario socio-cultural en el que se sustenta y reproduce la vivencia de la maternidad y el mito de superwoman en la cultura occidental, la mujer que puede con todo y con tod@s.

Si nos preguntamos, ¿qué es ser madre en la cultura occidental?, seguramente las imágenes que habitualmente vienen a nuestro pensamiento suelen ser las relacionadas con el embarazo, el parto y la crianza. Pensar únicamente en estos términos sería caer en un reduccionismo del concepto de maternidad. Es necesario pensar en ser madre mucho más allá de la biología. Para nosotras, ser madre en la especie humana excede el hecho biológico y tiene un significado a nivel social, cultural, histórico y psicológico.

Aquí, queremos repensar este significado a nivel cultural, analizar la maternidad en la cultura occidental, intentar romper el mito de la madre perfecta y luchar contra el tópico (que tanto daño hace) de que tenemos que ser una superwoman. Trataremos las dificultades de la conciliación, aportando para ello reflexiones e ideas desde la perspectiva antropológica.

En la cultura occidental existe una figura mítica de la maternidad, que se entiende como una relación de amor incondicional de las madres a los hij@s. Nos resulta difícil aceptar la idea de que, en otras culturas, la maternidad no se conciba y practique de la misma manera. Esto es, que las madres biológicas no cuiden y quieran a sus hij@s como se esperaría de ellas y en muchos casos, no se entiende que su entrega no sea total hacia ell@s. Por lo tanto, en algunos casos se les suele prejuzgar desde otro contexto cultural como malas madres, entre otros calificativos.

Si nos remitimos a la antropología y a los datos etnográficos, encontraremos culturas diferentes donde las mujeres no están asociadas necesariamente con la maternidad ni con la idea de ser superwoman como prevalece en nuestra sociedad.

Entre muchos grupos nómadas, desde que cumplen siete años, los niñ@s son considerados seres responsables. Alguna vez quizás hayas escuchado como niñ@s nómadas han tocado alguna vez el fuego con sus manos, han dormido sin mantas en noches de invierno, etc. Para ilustrar las diferencias entre culturas, hagamos un breve recorrido por cómo se concibe la maternidad en otras culturas:

- En Nueva Guinea (uno de los países con mayor diversidad cultural del mundo, donde se han contabilizado hasta 848 idiomas distintos), la etnia iatmul trata a los niñ@s como si fuesen adult@s. Pasadas unas semanas desde la concepción, la madre ya no lo lleva consigo constantemente sino que lo coloca en un taburete a mucha altura y lo dejan llorar antes de alimentarlo. De esta forma, el niñ@ aprende a que para conseguir cualquier cosa debe pelear duro y soportar contrariedades. La mujer rechaza la crianza de los niños e incluso a los mismos niños. En su cultura, el amor sexual, por ejemplo, es un acto parecido al combate, con mordiscos y arañazos.

- También en Nueva Guinea, los trobriand no reconocen ninguna relación entre el acto sexual y el embarazo, sino que creen que el niñ@ es introducido en la matriz de la madre por el espíritu de una parienta difunta de la misma. En consecuencia, el marido no se considera progenitor del niño, al que ve como un producto exclusivo de la esposa y perteneciente a la familia de ella.

- Los baruya invisibilizan la importancia de las mujeres en la reproducción.

- El infante del pueblo alorés, en Indonesia, si bien es deseado, se descuida su crianza y recibe muy poca atención por parte de su madre y de su padre, quienes pasan mucho tiempo fuera de la casa. Por ello, los impulsos de hambre del niñ@ se satisfacen de forma irregular e impredecible para él. Por otra parte, es frecuente que no sea la madre sino otras mujeres quienes lo alimenten, por lo que el niño no puede establecer una relación consistente entre una persona y el alivio de ésa necesidad. Si bien los niños no son maltratados tampoco son acariciados.

- En la cultura japonesa, el bebé se considera un espíritu puro y como una prolongación de la madre. Debe dormir entre sus dos progenitores para simbolizar su condición de río entre dos orillas y así intensificar un vínculo fuerte con ambos.

 

Tanto Inma como yo hemos tenido experiencias en otras culturas y hemos visto como l@s niñ@s son transportados mientras que la madre trabaja, y también cómo a edad muy temprana l@s niñ@s trabajan contribuyendo con su trabajo a la economía familiar. Hemos tenido experiencias en culturas donde la mujer estéril no tiene ningún valor o visto el drama que se vive en ciertas culturas al tener hijas por su preferencia por los hijos varones, etc.

 

Y es que a pesar de que la maternidad tiene un carácter aparentemente universal, la maternidad se vive de forma muy distinta en cada cultura. No hay razón para pensar que la visión de la cultura dominante es la correcta, o la única.

 

Desde el punto de vista de la antropología, no hay relación entre el vínculo consanguíneo con el término de parentesco. No se puede dar por sentado que el parentesco se basa en la biología, ni que crea atributos o vínculos sociales y culturales especiales. La maternidad es un hecho social y cultural y consideramos que representa una matriz de imágenes, significados, simbología, prácticas, emociones, sentimientos, que son social y culturalmente creados. Por ello, no podemos hablar de maternidad remitiéndonos a lo que conocemos en nuestra cultura occidental, pues ello sería tacharnos de reduccionistas, además de narcisistas. Lo que sí queremos con este artículo es poner sobre la mesa algunas concepciones que se tienen sobre la maternidad en nuestra cultura occidental, y que obvian, desde nuestro punto de vista, tanto la biología como la cultura, pero sobre todo la relación entre ambas. De esta incomprensión nace el mito de superwoman, ese que podemos definir como la mujer-madre que cría sola, trabaja, tiene vida social y de pareja y siempre está perfecta. Inmaculada en su libro Las viajeras del tiempo muestra un estudio cualitativo de envejecimiento activo y género donde analiza la trayectoria de mujeres de avanzada edad pertenecientes a otra generación, la labor que realizaron y realizan. Durante sus años de juventud, y sin que nadie contase con su opinión, fueron las madres y las esposas de aquellos que, de manera visible, levantaron su sociedad, pero su papel fue de cuidadoras sumisas, trabajadoras incansables en jornadas sin asueto ni remuneración. Su trabajo hizo posible el crecimiento económico del país. Ellas sí fueron unas superwoman. Afortunadamente gracias a ellas podemos vivir de un presente mejor que el que les tocó vivir.

Actualmente nos encontramos en un modelo de sociedad diferente donde la natalidad es baja, y es que hay muchas mujeres que no tienen más hij@s por las dificultades para la conciliación familiar. Además, cada vez se retrasa más la edad para ser madre porque se prioriza la trayectoria profesional. ¿Cómo te vas a permitir much@s hij@s en estas situaciones?

El sacrificio, la exigencia y la culpabilidad son palabras que acompañan al término maternidad en nuestra cultura. Sentimos que se nos exige: criar sola (cuando nunca se ha entendido la crianza sin tribu), no dejar de trabajar para no ser una mantenida, conservar a tus amigas, cuidar tu relación de pareja... Y, por supuesto, como todo a la vez no es compatible (de ahí que hablar de conciliación en términos reales sea ficticio) elijas lo que elijas como prioritario, vas a ser juzgada. De ahí viene el mito y porqué hace tanto daño; ya que para evitar ese juicio, intentamos llevar todo para adelante, cosa, como hemos dicho, imposible, lo que conlleva que en ese intento llevemos nuestra capacidad al límite, dejemos de lado nuestros cuidados, y nos encontremos con muchas mujeres-madres que han llegado a niveles altos de estrés (con sus consecuentes trastornos psicosomáticos).

Para nosotras, todo esto tiene como base los cimientos fuertes del patriarcado, y esa transición hacia la igualdad, que no puede ser real y efectiva si no es acompañada de: en primer lugar, una base social y educativa fuerte traducida en corresponsabilidad; y, en segundo lugar, por una revalorización de los cuidados y el tiempo que se dedica para ello. Por ende, es necesario que la maternidad sea entendida en términos culturales, antropológicamente hablando, y que se establezcan políticas acordes. Para nosotras el objetivo es claro: cuidar, valorar y tejer políticas basadas en el respeto y en la libre elección. Porque para tener hijos e hijas san@s y felices es necesario que la maternidad sea entendida en todo su contexto. No podemos dejar de aludir a la perspectiva que nos ofrece en nuestro campo teórico la ciencia de la etnopediatría, de la que podemos traer a colación la necesidad de entender la relación entre biología y cultura, entre cultura y modelos de crianza, entre modelos de crianza y psicología del desarrollo. La visión holística que conlleva entender la maternidad es necesaria ya no solo para derribar el mito de superwoman, sino para crecer en corresponsabilidad, para crear políticas de conciliación y de igualdad que favorezcan a las familias y que podamos vivir nuestra maternidad de forma libre y sana, por nosotras y nuestras criaturas.

Porque no renunciamos a criar como queremos, porque no renunciamos a continuar con nuestra carrera profesional, no renunciamos a nuestra vida social. A lo que renunciamos es a hablar de sacrificio, es a sentirnos juzgadas, cuestionadas y desvaloradas independientemente de nuestras elecciones libres.

Con este post reivindicamos la visibilidad de la mujer que intenta conciliar gritando al mundo ¡NO SOY SUPERWOMAN!, queremos romper con el mito de la madre perfecta, y luchamos por seguir poniendo luz a toda la sombra que aún queda dentro de la maternidad.

 

Queremos dedicar este post a Laura Baena y al equipo de Malasmadres que nos da tanta visibilidad. Como bien dice Laura: “La conciliación real no existe y son muchos los obstáculos que encontramos las mujeres en nuestra carrera profesional”. Esperamos que este trabajo conjunto dé voz a todas las mujeres que como nosotras, se encuentran en la misma situación siendo madres, emprendedoras y quieran romper con el mito de superwoman luchando por la verdadera conciliación, que no es otra que la que te permita elegir y que esa elección sea apoyada y sustentada.

 

Inma y Mariángeles

 

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