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Lactancia materna, que sea informada y acompañada

26-05-2020 | ecomami.es

Esta es la historia de María. María soy yo, eres tú, es todas esas mujeres de ayer, de hoy y de mañana. María estaba muy ilusionada con la llegada de su maternidad. Durante su embarazo intentó disfrutar de cada mes, de cada cambio en su cuerpo, de cada sensación nueva.

Ya cuando su barriga comenzó a crecer y con ella el bebé que dentro gestaba, había días que pensaba en el fin de los nueve meses, en como sería su parto y otras tantas cosas que se nos pasan cuando se acerca el momento de ver la carita de nuestro bebé, y el poder tenerlo por fin en nuestros brazos. A veces, ese pensamiento la inquietaba, sentía que algo de miedo empezaba a recorrer su cuerpo. Irá todo bien, se decía a sí misma. ¿Cómo será mi parto? ¿Seré capaz, estará bien mi pequeño? Sabía que era algo habitual que toda esa avalancha de preguntas vinieran a su cabeza pero decidió apartarlas y seguir disfrutando como hasta ahora de cada momento. Empezó a ir a las clases de preparación al parto, caminaba todos los días un poco, comía sano, y así así fueron pasando las últimas semanas. 

 

Esa noche empezaron las contracciones… El parto fue bien. Su bebé estaba bien.  

 

Dar de mamar... ¿duele?

Ya en sus brazos el bebé empezó a buscar su pecho. La matrona le preguntó si iba a dar pecho y ella no lo dudó. "Claro", respondió sin pensarlo dos veces. En las clases de preparación dijeron que era el mejor alimento para su bebé, entonces cómo iba a dudarlo. El peque tardó un poco en coger el pecho, pero finalmente lo hizo. María se estremeció un poco, sentía molestia. “Es normal”, le dijo una voz que en ese momento estaba cerca, “es la primera vez y el pezón se tiene que hacer”. 

 

Pasaban las horas, pasaban las tomas y a María le seguía molestando. A los dos días, la molestia se convirtió en dolor y vio como tenía una pequeña grieta. María estaba preocupada, nerviosa y muy cansada. Antes de abandonar el hospital, preguntó al pediatra y le dijo que poco a poco iría a mejor. Se fue para casa... no muy convencida. Empezaron las visitas, las miradas, las opiniones. “No tienes porqué aguantar el dolor, dale ya un biberón y descansa”, “no vas a ser mejor madre por dar el pecho”, “¿solo ha puesto eso de peso?, pues será que no tienes leche suficiente”... María no podía más. Ya la sangre corría por su pecho. Decidió ir a la matrona y le recomendó unas pezoneras. No había visto nunca ese pezón enorme de silicona pero decidió probar. Su bebé iba poniendo peso y eso la tranquilizaba. 

 

Una tarde vino a visitarla una compañera del trabajo y le preguntó qué tal iba con el pecho. María se quedó mirándola, congelada mientras dos lágrimas brotaban de sus ojos. Su compañera la abrazó y le dijo: “Nadie dijo que fuera fácil, lo importante es buscar ayuda”. A María es que sencillamente nadie le había dicho nunca nada de lactancia, solo que era bueno y lo mejor para el bebé. Su compañera le dio el contacto de una asesora que había ayudado a una prima suya con su lactancia.

 

Sin dudarlo María la llamó. Largo rato en el teléfono y una visita con ella al día siguiente y fue el comienzo de que aquella  neblina que la inundaba empezara a disiparse. La postura era incorrecta, el agarre también, las grietas no remitían y tenía pinta que todo desembocara en una mastitis. Hizo todo lo que la asesora le dijo y poco a poco las grietas parecía que iban desapareciendo, el dolor iba disminuyendo, empezaba a ver luz al final del túnel.

 

¿Por qué nadie me explicó nada?, ¿por qué nadie supo atender y dar importancia a esto?, ¿por qué todos me decían pero nadie me ayudaba? Esas preguntas las lleva siempre consigo, pero por lo menos ya puede decir que disfrutó con su lactancia.

 

Lactancia materna o biberón, esa no es la cuestión.

La historia de María es una de las tantas historias que tengo guardada en mi memoria, y por supuesto, las hay más duras, más dolorosas, muchas que han terminado con un destete no deseado, muchas donde las lágrimas, la rabia y el dolor han ocupado un período de posparto que debía estar lleno por alegría, y en todo caso, para ser sincera, también a lo sumo, por cansancio y sueño.

 

La historia de María podía haber sido distinta con información y acompañamiento. Para el bebé la lactancia es instintiva, pero para nosotras es cultural. Si no hemos visto a muchas madres amamantando, si no vivimos en una cultura donde amamantar sea la norma, cómo vamos a saber hacerlo. Además, si las personas referentes que tenemos en nuestro entorno han vivido inmersas en la cultura del biberón y de los mitos, es difícil encontrar el verdadero camino para tener la lactancia que deseas tener. Nadie dijo que fuera fácil, pero debería serlo, porque siempre lo ha sido. El equilibrio entre biología y cultura ha de establecerse para poder disfrutar de nuestra lactancia, de nuestra maternidad. 

 

Durante el embarazo infórmate

y durante tu lactancia

rodéate de madres lactantes como tú

y de asesoras, IBCLC’s y grupos de apoyo.

 

Te aseguro que una lactancia informada y acompañada te dará tranquilidad, seguridad y confianza para sonreír y que tu cuerpo solo sea recorrido por un torrente de oxitocina constante. La lactancia es amor, y así ha de ser.

 

Cuenta conmigo para una lactancia informada.

Cuenta conmigo. Para conocer  la información más veraz, basada en la evidencia científica, libre de prejuicios. Para ayudarte a elegir y que seas tú y solo tú la que lleves las riendas de tu maternidad. Para apoyarte cuando creas que tambaleas por el cansancio. Para acompañarte en este camino tan bonito pero tan complicado. Para hacerte ver que a través de una maternidad consciente tu día a día como madre será diferente.

 

Y… ¿cuál es el papel del padre en la lactancia materna? 

Si es importante que la madre esté informada y acompañada, el padre o la pareja no lo es menos. El padre o la pareja es la persona que facilita la lactancia. Si esa persona que acompaña y  acompañará en esa maternidad no está igual de informada que la madre, si no se comparten las elecciones y se respetan desde el conocimiento, no hacemos más que sumar impedimentos, poner barreras y límites a que la lactancia vaya por buen camino. El padre/pareja ha de saber en todo momento lo que desea y necesita la díada madre-bebé, ha de intuir si todo marcha o si hay que pedir ayuda, ha de respetar y apoyar, ha de poner todos los recursos de su parte para que nada distorsione el hábitat necesario para que la lactancia fluya. ¿Y cómo se consigue? Con información durante el embarazo. Si el padre/pareja sabe lo que quiere esa madre, si juntos han hablado y se han preparado para la llegada a esa maternidad y paternidad, los cimientos para la armonía familiar están más que asegurados. Sois un equipo y como tal, debéis remar ambos en la misma dirección.

 

Mucho más que una asesora de lactancia cerca de ti.

Para tener éxito en tu lactancia no basta con que vaya bien, o sea, que el agarre sea bueno, el bebé ponga peso, no haya grietas, ni mastitis ni ningún tipo de problemas, etc. Para mí, a todo esto hay que sumar que la madre esté disfrutando. Por ello, me gusta hablar de lactancia satisfactoria. Y, para que esto se dé, a todo lo anterior hay que sumar información no sólo en lactancia sino en maternidad. Cuando estás informada y eres consciente de tu maternidad, cuando logras entender ese equilibrio del que antes hablaba entre biología y cultura, cuando aprendes a escucharte y escuchar a tu bebé, empiezas a disfrutar de una maternidad plena, de una lactancia satisfactoria. Y eso, sin duda, es el principio de una experiencia única, de un viaje maravilloso, expectante, emocionante, en el que sabrás aprender y disfrutar en cada una de las estaciones que te depara esta aventura.

 

¿Quiéres que te acompañe?

 

Si tiene alguna duda sobre lactancia, puedes preguntarme a través de mi asesoría gratuita.

Si, prefieres estar bien informada para conseguir esa lactancia satisfactoria y que te acompañe en tu lactancia desde el embarazo hasta el destete, conoce mi programa de información y acompañamiento en lactancia.

 

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